17.6.09

En noches de invierno

Te hago una pregunta,
tengo una duda y es sincera:
*
Cuando el día se acaba y extenuado te encomendás a la noche,
cuando en tu casa cada uno se devuelve a la intimidad de su cuarto y de su estar con uno mismo,
y te quedás solo;
cuando la luz palidece esforzándose cada vez más para dar la misma luz,
y el frío llena los espacios vacíos, hasta los que se pretenden invisibles entre tus sábanas;
cuando impera el silencio
y el vértigo del futuro (inmediato: del mañana; mediato: del infinito todo);
cuando entre papeles y proyectos y organigramas te sorprendés a vos mismo bostezando,
y presentís la inminencia de la victoria de dos párpados dormidos,
conduciéndote obligado al universo de los sueños.
*
Entonces,
te pregunto,
porque tengo una duda y es sincera:
*
¿No sentirías
mientras el frío que te aguardaba escondido entre las sábanas te rodea y se te mete en el cuerpo
una sensación gris, como a sabor amargo, como ante la presencia de una ausencia?
¿No te vendrían ni un poco de ganas
de que mis pies tibios por las medias se asomen tímidos a los tuyos, se acerquen tomando coraje, se superpongan ansiosos y finalmente los acunen hasta que ellos también se queden dormidos?
¿No considerarías un milagro
estar lo suficientemente cerca de alguien que te ama tanto que se quedaría helada como un témpano
sólo para darte todo su calor?
¿No recibirías como un regalo
la propuesta sin sentido de huir por unas horas juntos del fin del mundo para emprender un viaje al paraíso, sin riesgos ni efectos adversos, efímero pero verdadero?
¿No te aliviría
sentir que beso tus 2 párpados cansados quitándoles su postura de afligidos y devolviéndoles lo hermoso?
(y si no los creés hermosos, deberías de verte dormido).
*
¿Cómo te sentirías
si esta mujer enamorada te arropa, te mira, te desea buenas noches, y te asegura que se quedará cerca sólo para cuidarte, para vigilar que tu sueño transcurra sereno, que de tan cerca tu sueño sea su sueño, que no te asustes, que no te agites?
¿Qué harías
si como una paloma
se encoge sobre sí misma acercando su espalda a tu pecho, su pierna a tus piernas, su cara a tu cara, como invitándote a que te hagas uno con ella olvidándote del mundo entero, abrazándola?
*
Ahora la noche reina,
No pienses en la mañana.
Te hago una pregunta,
porque tengo esta duda y es sincera:
¿Dejarías que me quede con vos esta noche,
hasta el alba?

20.5.09

Sin nombre

Estimado:

Me acerco a usted desde la más profunda de las humildades, sin más ánimos que el entregarle lo que siempre ha sido suyo. No es que pretenda interrumpirlo en sus tareas diarias ni sumarle responsabilidades a las ya adquiridas. Entiendo que no comprenda ahora mismo qué puedo tener yo que sea de su propiedad, pero le ruego que aún así dedique algunos minutos de su preciado tiempo para verdaderamente entender de qué está hecho mi universo. Para bucear entre mis palabras y mis pensamientos y hacerse uno con ellos. Para sin volver atrás (porque lo quiero tener cerca mío siempre) darse vuelta y conocer el camino que ha hecho a tientas hasta llegar a lo profundo e íntimo de mi corazón.

Porque yo no sé si usted sabe, pero mi corazón es un lugar atípico. Aunque no lo haya notado él ha jugado a las escondidas con usted durante un tiempo. Créame que le he explicado –mientras me explicaba a mí misma- que la niñez se había quedado atrás y nosotros, él de mi mano y yo en su compañía, habíamos crecido. Intenté incansablemente que entendiera la separación entre el juego y la realidad, entre nuestra realidad y la del resto, pero aún entendiéndolo prefirió seguir jugando. Y yo cansada de explicar sin ser entendida decidí albergarlo en mi pecho aceptándolo tal cual había decidido ser. Cuando usted empezó a jugar con él, a correr como chicos en el recreo o cantar o reír o entenderse como compañeros de banco que se prestan la escuadra o la lapicera de tinta y empiezan así la relación más pura y genuina de la historia de la humanidad, mi corazón y el suyo (también aficionado a los juegos de niños, también rebelde) comprendieron que querían quererse. Usted sin darse cuenta aprendió de una vez y para siempre mi idioma, descifró mi mundo. Por eso cada noche cuando en la cama no podía dormirme y pensaba en sus ojos y sus manos mi corazón saltaba como consintiendo, como pidiéndome permiso para abrirle la puerta al suyo y dejar que se quedaran a vivir juntos. Y ahora yo no sé si es que su corazón está en el mío o el mío en el suyo, porque saber eso implicaría entender el milagro que es el estar a su lado (y si algo caracteriza a los milagros es el no entenderlos. Sino no sería milagro), pero por algún artilugio que no busco entender, de alguna manera sé que ocurren las dos cosas a la vez: mi corazón y el suyo están el uno en el otro por ello dejar de estar en nosotros mismos. Mi corazón es de usted en el sentido más profundo, ¿comprende? Si algo faltaba para que sucediera era el enunciarlo, así que –hecho el enunciado- sólo resta que lo cuide y siga jugando.

Eso no es todo, claro. Porque yo sé –o creo saber- que usted no sabe todos los elementos
yuxtapuestos y diversos de cuya combinación resulta mi complejo pero simple sentimiento de amor. Complejo por lo compuesto. Simple por lo certero.

Le entrego aquí y ahora todos los besos dados y por dar, que aún antes de nacer o después de cumplir la tarea que les fue asignada le pertenecen. Cada beso que nos une y nos acerca me da más motivos para amarlo, porque cada beso multiplica geométricamente las ganas de seguir besándolo (o sea, si le doy un beso quiero dos, si le doy dos quiero cuatro, si le doy cuatro ocho, y así sucesivamente). Todo en sus besos es bueno. Todo lo valen sus besos. El vértigo en la inminencia. El infinito condensado en el desarrollo. Y después, la calma propia de las olas que se retiran tras estallar en cielo abierto; el silencio de lo inmenso. Por eso se los envuelvo con tul y cinta dorada, en la esperanza de que haga suyo mi significado. Porque todo lo mío es nuestro. Porque cuando lo beso, le estoy diciendo que lo amo.

Junto con todo aquello le adjunto otras cosas que yo quiero darle porque sé que usted las querría. Desde que lo vi por primera vez tocando el timbre de mi puerta –literalmente- aquel mediodía de septiembre, fui ordenando en los estantes de la memoria recuerdos, momentos que cuando en el mundo perecían yo los rescataba y les daba un lugar en algún lado para que no se sintieran desprotegidos (aún sin saberlo, aún sin sospechar que esos primeros tendrían el significado que tienen). Son tantos que no alcanzo a llevárselos yo misma, por su peso y su tamaño, y por eso se los envío mediante el texto –espero no lo tome como una ofensa-. Comprenden la ansiedad del principio, los nervios de verlo y sentirlo cerca, el cálculo sobre sus intenciones aquella primera tarde de primavera que hubiera querido que durara para siempre. Su primer llamado y mi primer llamado, sus expectativas y las mías, mis deseos y los suyos. Los miedos a que no me quiera. Son esa tarde en la plaza de Palermo en que me dio un beso y yo decidí que quería que siguiera dándomelos toda la vida. Incluyen las dudas, los riesgos haberlo extrañado tanto. Son los días de café con leche, estudio, juegos. Cada sorpresa que me dio y cada sorpresa que le di. El mar. La universidad. Los espacios comunes construidos. Son las noches de cine, cenas, mimos de madrugada. Tienen hasta el paréntesis que no fue. Es el despertarlo muchas noches porque tuve pesadillas y que las asuste abrazándome para que no vuelvan. Es el verlo apenas abro los ojos, y que su rostro alcance para iluminarme todo el día. Contienen el pasado, el presente y el futuro. Es nuestra historia. Por eso se la doy a usted pero me la quedo yo, porque lo más hermoso de que sea nuestro es que aún no siendo ni suyo ni mío nos pertenece. Y compartirlo nos da una excusa para seguir juntos. Por lo andado pero sobre todo por lo andar.

Yo no quiero que usted se quede sin saber que cada palabra que escribo, digo o pienso lleva el perfume de su nombre a cuestas. Y aunque los textos no vean la luz o nunca lo hagan cada letra es modo de ser de eso superior y eterno que conlleva el amarlo. Por eso le regalo mis palabras que aunque no sean el mejor regalo son casi todo lo que tengo. Porque quiero darle todo lo que soy. Porque, ¿sabe?, no me importa quedarme sin nada mientras a usted lo siga teniendo. Porque estar con usted ha dado vuelta mi vida en el mejor de los sentidos. Porque aunque en el mundo se mida lo nuestro en términos de tres meses o cuatro o cinco, para mí lo nuestro es infinito y eterno.

27.2.09

Este sentimiento lleva nombre propio

A vos, mi amor, todo lo que soy y todo lo que siento.


Aunque vos no te des cuenta y yo no lo te cuente cuando te quedás dormido te quedás con un pedazo de mi vida. Es como si con sólo mirarnos fijo estuviéramos enlazando lo tuyo con lo mío, y después al cerrar los ojos secuestraras algo de mí, retuvieras lo que recibiste y lo escondieras protegiéndolo detrás de tus párpados dormidos. Entonces mis deseos se debaten porque aunque reconocen que recuperar lo que es propio es sino un deber una responsabilidad moral, se desarman ante algo más fuerte e inmenso que lo invade cuando te contemplo solo en tu barquito. Elegiría quedarme sin nada si a cambio te quedaras conmigo. Una vez que estás preso de los sueños y la noche no me queda más que esperar a que te despiertes para recuperar lo que me pertenece pero que desde que te conozco te pertenece todavía más a vos. Y entonces para que no te pongas triste por perderlo -triste como un gatito huérfano - cuando abrís los ojos me quedo con lo mío pero te doy lo nuestro y como lo nuestro vale más porque es de los dos y está hecho a medida, te miro y sonrío. Y si no digo nada más que buen día y bien despacito es porque tengo miedo de quebrar el hechizo. Todo eso ocurre aunque vos no te des cuenta y yo no lo te lo cuente.

Aunque vos no lo sepas y yo no lo entienda las noches que nos descubren separados duermo con vos aunque no te tenga al lado. Si no son tus brazos es su ausencia la que me abraza. Si no son tus besos es su recuerdo el que me despierta a la mañana. No sé cómo ni por qué pero estás hasta donde no estás. No nace una noche en que estemos separados y yo no te extrañe. Y el día amanece a medias, como por la mitad o incompleto, cada vez que me encuentro sin vos conmigo. Por eso te llamo desde mi cama siempre que acaba el día, porque quiero hablarte acercándome lo más posible a esa línea transparente que divide el mundo del abismo, lo despierto de lo dormido. Me asomo y marco tu número. Te escucho y me sacás los miedos. Corto y cruzo el portal tranquila porque llevo conmigo cada palabra que me dijiste, cada beso al que le pusiste alas invisibles para que llegaran a tiempo y a destino. No podría desprenderme aunque quisiera de todo lo que me das desde que te conozco. Es más de lo que creés que es. Sos tanto. Todo eso sucede aunque vos no lo sepas y yo no lo entienda.

Aunque vos no lo veas todo y a mí verlo todo me dé miedo cada vez te quiero más. A veces no me puedo dormir buscando la fórmula para hacer eternos los momentos en los que estamos juntos. Trato de encontrar la palabra exacta, ésa que te diga todo lo que siento. No hace falta que lo digas o lo pienses; sé que éstas no son ni exactas ni ideales. Sé que no hay término que lo sea porque no hay término en el que quepa tanto significado. Pero aún así lo intento. Porque aunque vos no lo veas todo y a mí verlo todo me dé miedo, cada vez te quiero más.


*

24.1.09

Dentro de mi no-sueño

"I feared nothing but interruption, and that came too soon"
(Jane Eyre)
*
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Sé que este insomnio no está hecho ni de luces ni de ansiedades ni de preguntas existenciales sin respuestas evidentes. Mi insomnio sólo mío que en esta noche parece ser de día es de esperas y memorias y recuerdos, es del color tiza de aquello que quiero reconstruir para que no se pierda como el humo o como el viento, pero sobre todo es de aquello que quiero invocar para que me escuche y vuelva. No quiero cerrar los ojos porque quiero estar bien despierta para ser la primera que te vea cuando encuentres el camino de regreso. Es de aire. Es de un aire transparente pero denso que presiento en el silencio de mi comedor como antes presentí en las profundidades de mi cama, que me lleva a concluir que soy la que lo tengo adentro porque sólo yo lo exhalo y sólo yo lo llevo. Mi insomnio favorito hasta el momento lleva tu nombre aunque lo oculte y lleva mis miedos aunque lo niegue. Día a día crece. Mientras escribo -aunque haya olvidado cómo se hacía- mariposas de colores entran al monitor estorbando la tranquila calma de quien aguarda algo que es nada pero que es y alterando mis pulsaciones, al tiempo que provocan una ola furiosa de deseos de verte. Ante mi reto firme las mariposas paran pero los deseos permanecen. Los ruidos callan pero la ola crece.

Este insomnio es distinto al de ayer porque es más nítido y más fuerte; apuesto que con el correr de los insomnios lo será más y más. Y si siempre creí que yo era contradicción hoy lo ratifico porque mi búsqueda incesante por detener el tiempo se vuelve un sin sentido mientras deshojo el calendario y lo transito descontando días, tachando números vacíos para acercarme al número con significado. Viviendo al revés o en negativo. Te confieso que yo de esto no entiendo, pero mi insomnio me habla y me explica que te espero.

Una amiga dijo que su desvelo llevaba la forma de quien habitaba en sus sueños; yo sólo deseo que vuelvas a este mundo mío en serio. Tanto tiempo alimenté mi amor de sueños que hoy tengo miedo que seas su aliado, que seas uno de ellos. Por eso mi rebeldía, mi no-sueño y la revelación que se impone de pronto y sin remedio de que esto es un manifiesto contra la irrealidad: Quiero que llegue el momento en que te vea y nos besemos, y me ayudes a romper con el tacto y la mirada todo cuanto nos separa.

Mi insomnio languidece pero no se extingue, sigue vivo como el fuego. Pronto o no se quedará dormido, y le seguirá a esa bruma desconocida la esperanza de un día menos sin respirar con tu aliento. Siempre supe que las despedidas no eran lo mío pero la nuestra fue de las más lindas que tuve, me hacen desear más el reencuentro. Y si es cierto que como dijo Siri el amor exige una cierta separación respetuosa para perpetuarse, lo nuestro es una declaración de principios. Sólo espero que seas cierto...
*
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Nota1: Gracias Habitarás por ser mi amiga y ayudarme hasta sin saberlo.

27.9.08

Cuarto Intermedio

Gente querida

Este blog se toma vacaciones hasta tanto la propietaria vuelva a estar segura de que existe el amor, porque como dije en el post anterior sobre lo que no se puede hablar mejor callar.

No es tampoco que no crea, sólo que no sabe, no sabe si sabe, no sabe si cree y ni siquiera sabe si quiere saber. Creo que me han desilucionado suficientes veces como para seguir meditando sobre ello.

No tengo fecha de retorno pero sé que la hay. Créanme que me cuesta, pero es lo más sano. Cada uno tiene su método para escribir: el mío es vivir, y creo que casi me he vaciado. El fin de mi jardín de jazmines nunca fue la escritura en sí misma; se trataba de leerme más que de escribirme (siempre pensé que era una gran lectora, en lo que a la escritora deja tanto que desear).

Hasta dentro de un día una semana un mes o una eternidad...

Los quiere mucho,
flor

Pd. Mi correo electrónico está en el perfil. No se hagan extrañar!